martes, 24 de diciembre de 2019

La economía de la "Guerra de las Galaxias"

Lo que podemos aprender de la economía de `Star Wars’

Por Adam Minter  ||  Infobae
 



Sorprendentemente, la basura está en todas partes en “Star Wars” y tiene un rol poco mencionado en casi todas las películas de la serie. En “La amenaza fantasma”, conocemos al joven Anakin Skywalker, el futuro Darth Vader, mientras trabaja en un pequeño deshuesadero y tienda de reparación de electrónicos. En “Una nueva esperanza”, el tío de Luke Skywalker compra a R2-D2 y C-3PO a un grupo de Jawa, una especie que conduce camiones de chatarra enormes que se abren paso entre la arena. La recientemente lanzada “El ascenso de Skywalker”, se trata principalmente de la llegada a la madurez de Rey, la última jedi, quien pasa su juventud rebuscando basura electrónica en Jakku, un planeta exterior remoto.

Como descendiente de tercera generación de recicladores de metal en la Tierra, me he sometido varias veces a ver las películas de "Star Wars", incluso las malas, en parte para identificar todos los detalles de los basureros. Con el correr de los años, he desarrollado unas cuantas teorías cobre la economía de los desperdicios y el reciclaje en la serie, y he disfrutado compartiéndolas (principalmente) con otros descendientes de los deshuesaderos. Sin embargo, en 2018, me di cuenta de que podría haber una audiencia mucho más grande para este tipo de perspectivas.

Ese año, China —por décadas el mayor importador de reciclables— empezó a imponer fuertes restricciones a las cosas recicladas que seguiría aceptando del extranjero. Después de eso, los precios de los reciclables cayeron considerablemente, lo que elevó los costos y redujo las ganancias para los negocios de todo el mundo.

Es una lástima que "Star Wars" no ofrezca consejos sobre cómo encontrar nuevos mercados para los contenedores plásticos usados de los detergentes. Y no, Rey no puede conjurar la Fuerza para elevar el precio de las cajas de carbón usadas. Ahora bien, si se observa cuidadosamente las películas, cuentan una buena historia sobre cómo convertir la basura en algo que las personas podrían querer, e incluso, comprar.

El universo de "Star Wars" genera toneladas de basura, la mayor parte reciclable. Sin embargo, pese a todos los deshuesaderos y quienes rebuscan en ellos, se ve muy poco reciclaje real. Principalmente, el metal, el plástico y el papel parecen ser arrojados a la basura. Mi ejemplo favorito aparece en "El imperio contrataca". En un momento crucial, un destructor estelar imperial arroja pedazos de basura metálica del tamaño de un estadio antes de saltar al hiperespacio (este, según Han Solo, es el protocolo imperial). Desde una perspectiva terrícola, es un suicidio comercial: los metales son los materiales más reciclables del mundo, e incluso los villanos saben que se gana más dinero vendiéndolos.

Pero a lo largo de la serie se produce un patrón similar. En "El despertar de la Fuerza", las primeras escenas de Jakku están dominadas por los escombros de un enorme destructor estelar. Recuerda las enormes embarcaciones que llegan a las costas de India, Bangladesh y Pakistán para ser completamente desarmadas a mano y recicladas en cuestión de meses, hasta el último tornillo. Si un destructor estelar se estrella en Alang, India, uno de los principales centros para encallar barcos y recliclarlos, las piezas estarán en venta en el mercado local antes del almuerzo.

La razón para este comportamiento aparentemente irracional es que en el universo de "Star Wars" no hay escasez de recursos. En la serie se menciona docenas de explotaciones mineras y siempre parece haber otro planeta en espera de ser explotado. En una galaxia con ese tipo de abundancia, el reciclaje no ahorra mucho dinero. Por otra parte, el Imperio, con su enorme gasto en armas para la destrucción de planetas como la Estrella de la Muerte, no parece muy preocupado por el medio ambiente.

Entonces, ¿cuál es el modelo de negocio en el que se basan tantos deshuesaderos y quienes los exploran? Rey, los Jawa y los demás recicladores de la serie reconocen que es más valioso trabajar en un objeto o un repuesto que en los materiales básicos que los constituyen. El valor se encuentra en la energía, la ingeniería y la fabricación necesarias para crear las cosas. Por ejemplo, de ese destructor estelar estrellado en Jakku no se extrae el metal; en cambio, vemos que Rey arriesga su vida en busca de componentes reciclables que pueda vender. Personajes como Chewbacca y Luke Skywalker luego le piden las partes recuperadas para los dispositivos y barcos que han aprendido a reparar por su cuenta.

Ese modelo de negocio no funcionaría para los recicladores de plástico aquí en la Tierra. No obstante, la llamada industria de los desechos electrónicos —una categoría que incluye todo, desde teléfonos inteligentes hasta armarios para servidores usados— se está diversificando rápidamente a modelos de negocio como el que practican Rey y los Jawa. En un momento en el que el mercado del reciclaje está deprimido, estos negocios necesitan una nueva fuente de ingresos. Por ende, en vez de intentar recuperar los materiales brutos que no son financieramente atractivos en el momento, buscan los dispositivos completos y las partes que contienen.

Robin Ingenthron, jefe de Good Point Recycling, me cuenta que su compañía estaba ganando US$60 a la semana por la venta de dispositivos para la reutilización de sus partes en 2015. Cuando los precios de las materias primas cayeron, reorientó su negocio a la extracción de partes de televisores viejos y empezó a identificar mejor los dispositivos reutilizables que ya estaban en oferta. Hoy en día, las ventas de artículos reutilizables representan más de US$50.000 al mes, y aproximadamente un tercio de los ingresos de la compañía. Sims Recycling Solutions Inc., una de las mayores recicladoras del mundo, se ha alejado a ritmo contante de su modelo tradicional de desbaratar y reciclar para incorporar la reutilización y la reparación en los últimos años.

Puede que sea una sorpresa para los ambientalistas de la Tierra, pero en el universo de “Star Wars”, es la manera como se ha conducido el negocio siempre. En este aspecto, por lo menos, la serie podría ofrecer un modelo que funciona tan bien aquí como en una galaxia muy, muy lejana.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Crecimiento económico en China

La República Popular de China: 70 años de historia económica


By Iman Ghosh  ||  Visual Capitalist







Gráfico: 70 años de crecimiento económico de China


Vea una versión de alta resolución de este gráfico aquí.

De la economía agraria a la superpotencia global en medio siglo: la transformación de China ha sido una historia de éxito económico como ninguna otra.

Hoy, China es la segunda economía más grande del mundo, representando el 16% del PIB global de $ 86 billones en términos nominales. Si ajusta los números para la paridad del poder adquisitivo (PPA), la economía china ya ha sido la más grande del mundo desde 2014.

La trayectoria ascendente de los últimos 70 años ha estado llena de momentos decisivos, directivas estratégicas y tragedias impactantes, y todo esto se remonta a la fundación de la República Popular China (RPC) el 1 de octubre de 1949.
 

Cómo surgió la RPC

La Guerra Civil China (1927–1949) entre la República de China (ROC) y el Partido Comunista de China (PCCh) causó una división fractal en el liderazgo de la nación. El PCCh salió victorioso, y China continental se estableció como China.

El líder comunista Mao Zedong estableció algunos objetivos principales para la RPC: revisar la propiedad de la tierra, reducir la desigualdad social y restaurar la economía después de décadas de guerra. La primera Comisión de Planificación del Estado y el primer plan quinquenal de China se introdujeron para lograr estos objetivos.

El oportuno cuadro de hoy se remonta a siete décadas de eventos y políticas notables que ayudaron a dar forma al país en el que se ha convertido China. Los datos base se basan en un gráfico de Bert Hofman, el Director de País del Banco Mundial para China y otras regiones de Asia y el Pacífico.
La era de Mao: 1949-1977

El mandato de Mao Zedong como presidente de la República Popular China desencadenó cambios radicales para el país.

1953–1957: primer plan quinquenal

El objetivo del programa era impulsar la industrialización de China. La producción de acero se cuadruplicó en cuatro años, de 1.3 millones de toneladas a 5.2 millones de toneladas. La producción agrícola también aumentó, pero no pudo seguir el ritmo de la producción industrial.

1958–1962: Gran salto adelante

La campaña enfatizó la transformación agraria a industrial de China, a través de un sistema de agricultura comunal. Sin embargo, el plan fracasó, causando un colapso económico y la muerte de decenas de millones en la Gran Hambruna China.

1959–1962: Conferencia de Lushan y reunión de 7,000 cuadros

Los principales líderes del Partido Comunista Chino (PCCh) se reunieron para crear marcos de políticas detallados para el futuro de China.

1966–1976: Gran revolución cultural proletaria

Mao Zedong intentó recuperar el poder y el apoyo después de los fracasos del Gran Salto Adelante. Sin embargo, este fue otro plan que fracasó, causó millones de muertes más por violencia y de nuevo paralizó la economía china.

1971: se unió a las Naciones Unidas

La RPC reemplazó a la República de China (Taiwán) como miembro permanente de las Naciones Unidas. Esta adición también lo convirtió en uno de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, incluidos el Reino Unido, los Estados Unidos, Francia y Rusia.

1972: visita del presidente Nixon

Después de 25 años de silencio en la radio, Richard Nixon fue el primer presidente de los Estados Unidos en ocupar un puesto en la República Popular China. Esto ayudó a restablecer las relaciones diplomáticas entre las dos naciones.

1976–1977: Muerte de Mao Zedong y “Two Whatevers”

Después de la muerte de Mao Zedong, el gobierno interino prometió "defender resueltamente cualquier decisión de política que tomara el presidente Mao, y seguir sin vacilar las instrucciones dadas por el presidente Mao".

1979: "Política del hijo único"

El gobierno promulgó un agresivo programa de planificación de nacimientos para controlar el tamaño de la población del país, que consideró que crecía demasiado rápido.

Una ola de reformas socioeconómicas: 1980-1999


A partir de 1980, China trabajó para abrir sus mercados al mundo exterior y cerrar la brecha de desigualdad.

1980–1984: Establecimiento de Zonas Económicas Especiales (ZEE)
Varias ciudades fueron designadas ZEE y se les proporcionaron medidas como incentivos fiscales para atraer inversión extranjera. Hoy, las economías de ciudades como Shenzhen han crecido para competir con el PIB de países enteros.

1981: se implementa el Sistema Nacional de Responsabilidad del Hogar
En la era de Mao, se establecieron cuotas sobre la cantidad de bienes que los agricultores podían producir, transfiriendo la responsabilidad de las ganancias a los gerentes locales. Esto aumentó rápidamente el nivel de vida, y el sistema de cuotas se extendió desde la agricultura a otros sectores.

1989: Estrategia de desarrollo costero
El liderazgo posterior a Mao vio a la región costera como el "catalizador" potencial para la modernización de todo el país.

1989–1991: reducción de personal posterior a Tiananmen
Las reformas económicas de principios de la década de 1980 tuvieron resultados mixtos, y la creciente ansiedad eventualmente culminó en una serie de protestas. Después de que los tanques entraran en la Plaza Tiananmen en 1989, el gobierno se "retiró" al intentar inicialmente hacer retroceder las reformas económicas y la liberalización. El crecimiento anual del país cayó del 8,6% entre 1979-1989 al 6,5% entre 1989-1991.

1990-1991: se abren las bolsas de valores de Shanghai y Shenzhen
En conjunto, las bolsas de valores de Shanghai (SSE) y Shenzhen (SZSE) valen más de $ 8,5 billones en capitalización total de mercado hoy.

1994: listas de Shandong Huaneng en la NYSE
La compañía eléctrica fue la primera empresa de la RPC en cotizar en la Bolsa de Nueva York. Esto agregó un nuevo grupo de acciones N a las opciones existentes en el mercado de capitales chino de acciones A, acciones B y acciones H.

1994–1996: Plan nacional de reducción de la pobreza “8-7”
China logró sacar de la pobreza a más de 400 millones de personas pobres entre 1981 y 2002 a través de este esfuerzo.

1996: "Agarra lo grande, suelta lo pequeño"
Se hicieron esfuerzos para reducir el tamaño del sector estatal. Se instó a los formuladores de políticas a mantener el control sobre las empresas de propiedad estatal para "captar lo grande". Mientras tanto, se alentó al gobierno central a renunciar al control sobre las empresas estatales más pequeñas, o "dejar ir a las pequeñas".

1997: Urban Dibao (低保)
La red de seguridad social de China pasó por una reestructuración a partir de 1993, y se convirtió en un programa nacional después de un fuerte éxito en Shanghai.

1997-1999: traspaso de Hong Kong y Macao, crisis financiera asiática
China quedó ilesa en gran medida por la crisis financiera regional, gracias a la no convertibilidad de la moneda RMB (¥). Mientras tanto, la RPC recuperó la soberanía de Hong Kong y Macao desde el Reino Unido y Portugal, respectivamente.

1999: Estrategia de desarrollo occidental
El programa "Open Up the West" construyó 6 provincias, 5 regiones autónomas y 1 municipio, cada uno convirtiéndose en parte integral de la economía china.

Cambio de siglo: 2000-presente

La entrada de China a la Organización Mundial del Comercio y el programa de Inversores Institucionales Extranjeros Calificados (QFII), que permitió a los inversores extranjeros participar en las bolsas de valores de China, contribuyeron al crecimiento económico del país.

2006: Plan de mediano plazo para el desarrollo científico

El plan de 15 años del Consejo de Estado de la RPC describe que el 2.5% o más del PIB nacional debería dedicarse a la investigación y el desarrollo para 2020.

2008-2009: Crisis financiera mundial

La RPC experimentó solo una leve desaceleración económica durante la crisis. El crecimiento del PIB del país en 2007 fue de un asombroso 14.2%, pero cayó a 9.7% y 9.5% respectivamente en los dos años siguientes.

2013: Iniciativa Cinturón y Ruta

Los ambiciosos planes de China para desarrollar rutas por carretera, ferroviarias y marítimas en 152 países se completarán en 2049, a tiempo para el 100 aniversario de la RPC. Se presupuestan más de $ 900 mil millones para estos proyectos de infraestructura.

2015: hecho en China 2025

La RPC se niega a seguir siendo la "fábrica" ​​del mundo. En respuesta, invertirá casi $ 300 mil millones para aumentar sus capacidades de fabricación en campos de alta tecnología como productos farmacéuticos, aeroespaciales y robótica.

A pesar de la reciente disputa comercial en curso con los EE. UU. Y una población cada vez más envejecida, la historia del crecimiento chino parece destinada a continuar.
China allanando el camino?

El 70 aniversario de la RPC ofrece un momento para reflexionar sobre el viaje del país desde sus humildes comienzos hasta una potencia en el escenario mundial.

domingo, 15 de diciembre de 2019

El cambio estructural y la complejidad productiva: Chile vs Corea del Sur

Transformación estructural: un nuevo horizonte económico

La Tercera

Por César Hidalgo



Si la economía chilena fuese un poeta, sería uno que conoce pocas palabras. Estas palabras le permitirían describir cómo extraer minerales o administrar supermercados, pero no cómo diseñar aeroplanos, videojuegos o medicamentos. En esta analogía, los países desarrollados son poetas con vocabularios amplios. Poetas capaces de escribir sonetos simples, pero también poemas épicos. ¿Podemos usar esta oportunidad para expandir nuestro vocabulario? ¿Para entrar a los sectores que le permitirán a la economía chilena generar los trabajos dignos que requiere?

Si la economía chilena fuese un poeta, sería uno que conoce pocas palabras. Estas palabras le permitirían describir cómo extraer minerales o administrar supermercados, pero no cómo diseñar aeroplanos, videojuegos o medicamentos. En esta analogía, los países desarrollados son poetas con vocabularios amplios. Poetas capaces de escribir sonetos simples, pero también poemas épicos. ¿Podemos usar esta oportunidad para expandir nuestro vocabulario? ¿Para entrar a los sectores que le permitirán a la economía chilena generar los trabajos dignos que requiere?

Dignidad, desigualdad y meritocracia son tres conceptos que la población ha repetido innumerables veces durante esta crisis. El descontento ciudadano, sin embargo, no emana solo de una clase política desprestigiada o un Estado ineficaz, sino que también de una economía primitiva y estática, concentrada en pocos sectores y pocas manos. Esta crisis nos obliga a repensar la economía chilena. Por un lado, necesitamos financiar la agenda social que Chile requiere. Por el otro, necesitamos una economía que sea digna de manera orgánica.

En los estudios de desarrollo económico la noción de que las economías cambian lo que hacen se conoce como transformación estructural. Esta idea no es nueva. Pero en los últimos 15 años ha cambiado mucho.

Gracias a nuevos datasets, la transformación estructural ya no se limita a estudiar el paso de las economías de las materias primas a la manufactura y los servicios. Hoy, el estudio de la transformación estructural se nutre de datos de comercio, industria y empleo, que permiten analizar estas transformaciones usando millones de datos y miles de categorías. Esta revolución, similar a la invención de un microscopio o telescopio, permite entender de manera más profunda y detallada los horizontes económicos y cómo los países llegan a ellos.

Dos conceptos claves en la nueva literatura del desarrollo son las ideas de la “complejidad económica” y el “espacio de productos”. Ambos explican la riqueza o el estancamiento de las economías. Llevados a los datos, estos conceptos muestran que Chile necesitará entrar a nuevos sectores si quiere alcanzar el desarrollo. En lenguaje técnico, Chile debe acelerar su transformación estructural. En la analogía del poeta, Chile necesita nuevas palabras.

La complejidad económica no se pregunta qué tan rico eres o cuánto “valor” agregas, como lo hace el PIB. Se pregunta “qué haces” y “qué tan difícil es hacerlo”. Los líderes mundiales en complejidad económica son Japón, Suiza, Alemania, Singapur, Suecia y Corea del Sur. Esta lista es muy distinta a la de líderes mundiales en PIB per cápita, que incluye en su top 10 a Singapur y Suiza, pero también a Qatar, Macao, Brunei, los Emiratos Árabes y Kuwait.

La complejidad económica es un nuevo horizonte de desarrollo, distinto al PIB, y mas importante en la etapa de desarrollo en la que estamos entrando. En Chile, no queremos ser ricos como Qatar o Kuwait, sino que como Singapur o Suiza. Este tipo de economía permite crear una clase media amplia, trabajando en labores creativas y productivas a un alto nivel de destreza y calidad. Las economías complejas son las que alcanzan de manera simultánea la riqueza, la baja desigualdad y las instituciones inclusivas que añoramos en Chile. Las economías que son ricas, pero de baja complejidad, tienden a tener instituciones extractivas y están caracterizadas por grandes desigualdades. La riqueza no resuelve tantos problemas como los que resuelve la complejidad.

La complejidad económica es fuertemente predictiva del crecimiento económico, especialmente a mediano plazo (10 a 20 años). Esto es porque las economías “convergen” al nivel de ingreso de las economías con las que son capaces de competir. En el año 70, Corea del Sur tenía un ingreso per cápita que era menos de un tercio del chileno. En ese mismo año, Corea rankeaba 29 en complejidad económica, cerca de Portugal, Israel y Polonia. En el mismo año, Chile rankeaba 59, cerca de República Dominicana y Vietnam. Eso ya implicaba un salto de Corea sobre Chile.

Desde los años 70, las economías de Chile y Corea han cambiado mucho (Ver página 40). Corea ahora tiene un ingreso per cápita que es más o menos el doble del chileno. Pero la brecha en complejidad también ha crecido. Hoy en día, Corea rankea sexta en complejidad económica, mientras que Chile rankea 61, un lugar similar al que tenía en 1970.

Para entender la brecha en complejidad económica podemos usar el concepto del espacio de productos. El espacio de productos es una herramienta que explica los procesos de transformación estructural y el aumento de la complejidad. Es una técnica que se pregunta, dado lo que una economía ya sabe hacer, qué otras cosas le saldría fácil producir.

En el “espacio de productos” los nodos representan productos, como las camisas o el trigo (ver página 40). Las camisas -por ejemplo- están conectadas a las blusas, abrigos, pantalones y calzoncillos, porque estos son productos relacionados: productos que requieren capacidades y conocimientos similares. El espacio de productos predice que los países que ya exportan blusas, abrigos y pantalones, tienen una mayor probabilidad de entrar a exportar camisetas que los países que no exportan productos relacionados.

En promedio, los países tienden a entrar en productos que están conectados a los productos que ya hacen. Esto hace del espacio de productos una especie de “oráculo,” al que tú le cuentas qué haces y te dice qué es lo más probable que comenzarás a hacer.

Durante la ultima década, una seguidilla de artículos académicos ha generalizado la idea del espacio de productos a una “ley” económica. Estos artículos han documentado el mismo fenómeno para distintas actividades económicas (e.g. industrias, empleo) y escalas espaciales (e.g. ciudades, regiones). En el 2018, publicamos un artículo con varios colegas, incluyendo destacados economistas, como Edward Glaeser, de Harvard; Scott Stern, de MIT, y Maryann Feldman, de UNC, postulando este fenómeno como un principio económico. Una “ley” estadística del desarrollo económico que acuñamos como “el principio del relacionamiento (principle of relatedness)”.

Este principio nos ayuda a entender la creciente brecha entre Corea y Chile. En los años 70, Corea no solo tenía una complejidad económica mayor a la de Chile, también estaba posicionada mejor en el espacio de productos. Corea exportaba productos que conducían a este país hacia nuevos caminos, como productos electrónicos y maquinaria. Chile estaba posicionado en la periferia de este espacio de conocimiento productivo. Corea no solo tenía superioridad en complejidad económica, sino que también tenía más potencial para hacer crecer su complejidad.

Aun así, esta no es una historia de determinismo económico. Por el contrario, la transformación estructural de países como Corea o Singapur no resultó solamente de las fuerzas del mercado, sino que incluyó también un trabajo coordinado entre gobiernos y empresarios orientado a la apertura de nuevos sectores y mercados.

Una de las historias mas folclóricas es la de Samsung, que parte en los años 30 como una empresa de abarrotes. En los 60, Samsung se da cuenta de que los transistores eran el arroz del futuro, como me contó Ryan Cho, un amigo del gobierno coreano que trabaja promoviendo la ciencia y la tecnología. Corea es uno de los países que más invierten en ciencia y tecnología, con una inversión mayor al 4% del PIB. ¡Esto es 1.000% más de lo que invierte Chile!

Otras historias incluyen el desarrollo del sector automotriz. Kia fue de fabricar bicicletas, a motocicletas y automóviles. Hyundai recibió apoyo del gobierno durante los 70 y 80 para crear las distintas partes del ecosistema automotriz. Más recientemente, esos esfuerzos se han orientado en sectores como la electrónica. Aquí hay historias interesantes, como la guerra del cristal líquido. De hecho, a finales de los 90, Corea decide arrebatarles el mercado de los monitores de cristal líquido a Japón. Para lograr esto, apuesta a saltarse una generación tecnológica.

Lo que hay que entender aquí es que las tecnologías como el cristal líquido se producen a través de procesos que cambian, dando paso a “generaciones” discretas. Cada generación puede producir pantallas más grandes y baratas, pero solo luego de escalar una curva de aprendizaje. Por lo que, en el corto plazo, las tecnologías nuevas producen pérdidas. Pero en el largo plazo, superan a las generaciones anteriores (si sobreviven).

Saltarse una generación no es trivial. La industria entera puede quebrar si es que no escala la curva de aprendizaje lo suficientemente rápido. Es por eso que estos saltos estratégicos requieren la coordinación y el apoyo de actores públicos y privados. En el caso de Corea, hay que entender que ganar la batalla tecnológica no era solo un objetivo para algunas empresas, sino que para el país.

Durante los últimos 50 años, el desarrollo de Chile también fue limitado por la estructura del espacio de productos. Fuimos de exportar pescado congelado a pescado fresco. De frutas a jugo y mermeladas. Son famosos los salmones, los kiwis y los arándanos. Pero esos saltitos no movieron la aguja de la complejidad económica. Seguimos en la medianía de la tabla, cerca del lugar 60. Fuimos capaces de mover la barra en el PIB, pero no la de la complejidad necesaria para crearlo. Ahora, le pedimos más al mismo modelo. Un modelo que ya no tiene por dónde más dar.

¿En qué fallamos? Por un lado, Chile ha tenido algunos esfuerzos estratégicos. Corfo es una agencia reconocida en la región por sus proyectos en sectores tecnológicos y culturales. Pero, por otro lado, tenemos 50 años de gobiernos mezquinos en su apoyo a la ciencia y la tecnología, un sector privado extremadamente conservador, y una población muy desinformada sobre los procesos de desarrollo económico. En Chile, uno levanta una piedra y encuentra a alguien pontificando la idea de agregarles valor a las materias primas, como si Corea hubiese entrado al sector automotriz porque tenía mucho petróleo y mineral de hierro. El desarrollo funciona siguiendo los caminos del conocimiento, no el de los átomos, porque los átomos son más fáciles de mover. Por algo Corea, y no Chile, es uno de los líderes mundiales en baterías eléctricas. El litio, que tiene un mercado global más pequeño (US$ 1,14 MM ) que el de las guindas (US$ 2,45 MM)), no es el factor limitante. El conocimiento y la coordinación entre las empresas y el gobierno lo es.

¿Podrá Chile empezar un camino de transformación estructural? ¿Podremos poner la complejidad económica como un objetivo? ¿Desarrollará la élite económica una idea de impacto que la lleve a apoyar actividades creativas? ¿Liderarán la transformación estructural con sus proyectos e inversiones? ¿O seguirán con la misma historia, de que “si pongo dinero en esta mina, o en esta termoeléctrica,” tengo un mejor retorno (aunque sin desarrollo ni gloria)?

De hecho, la complejidad económica no solo ayuda a predecir el crecimiento económico. También explica variaciones en los niveles de desigualdad de los países. Los datos dicen que es muy improbable tener la desigualdad de Suecia o Suiza con la estructura productiva de Chile o Perú (eso no ocurre). La redistribución a partir del Estado es importante. Pero no puede levantar todo el peso de la desigualdad. La mejor manera de redistribuir es con mejores empleos, como los que demandan los sectores más complejos de la economía global. Sin la transformación estructural, cualquier esfuerzo de redistribución, que se base solo en lo político, será insuficiente.

¿Se transformará el gobierno chileno en un gobierno emprendedor? ¿O seguirá creyendo que el mercado resuelve los problemas de los sectores que aún no están, incluso cuando estos requieren capacidades estratégicas que son difíciles de acumular?

¿Seguirá la población chilena aferrada a la idea de que la riqueza esta en la tierra? ¿O llegaremos a entender que proviene del conocimiento? ¿Lograremos generar una cultura que promueva la creatividad y la innovación? ¿O seguiremos siendo importadores de cultura y tecnología, chaqueteando a los innovadores y admirando lo extranjero, como nos recuerdan las canciones de los Prisioneros?

En la última década hemos aprendido mucho sobre cómo funcionan los procesos de transformación estructural. Con la complejidad económica tenemos mejores metas. Con el espacio de productos, tenemos una idea de qué tan difícil es alcanzarlas. Ahora todo depende de nosotros. No arruinemos esta oportunidad. Que este siglo nuestra historia sea distinta. Estamos aún a tiempo.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Heterodoxia: La visión de la tierra como recurso productivo

Cómo desapareció la tierra de la teoría económica

Para los economistas clásicos, era un factor de producción y la fuente de la "renta".

Por Josh Ryan-Collins || Evonomics: The Next Evolution



Cualquiera que haya estudiado economía estará familiarizado con los "factores de producción". Los known más conocidos son ‘capital’ (maquinaria, herramientas, computadoras) y ‘trabajo’ (esfuerzo físico, conocimiento, habilidades). La función de producción neoclásica estándar es una combinación de estos dos, y el capital generalmente sustituye al trabajo a medida que las empresas maximizan su productividad mediante la innovación tecnológica. La teoría de la productividad marginal argumenta que bajo ciertos supuestos, incluida la competencia perfecta, se alcanzará el equilibrio del mercado cuando el costo marginal de una unidad adicional de capital o trabajo sea igual a su ingreso marginal. La teoría ha sido objeto de considerable controversia, con largos debates sobre lo que realmente se entiende por capital, el papel de las tasas de interés y si es claramente sustituible por el trabajo.

Pero siempre ha habido un tercer "factor": la tierra. Descuidada, ofuscada pero nunca completamente olvidada, la historia de la marginación de Land de la teoría económica convencional es poco conocida. Pero tiene implicaciones importantes. Volviendo a la economía, argumentamos en un nuevo libro, 'Repensar la economía de la tierra y la vivienda', podría ayudarnos a comprender mejor muchos de los problemas sociales y económicos más apremiantes de la actualidad, incluidos los precios excesivos de las propiedades, la creciente desigualdad de la riqueza y la productividad estancada . La tierra fue inicialmente una parte clave de la teoría económica clásica, entonces, ¿por qué se hizo a un lado?

Economía clásica, tierra y renta económica

Los economistas políticos clásicos, David Ricardo, John Stuart Mill y Adam Smith, que dieron forma al nacimiento de la economía moderna, enfatizaron que la tierra tenía cualidades únicas, distintas del capital y el trabajo, que tenían una influencia importante en la dinámica de la producción.
Reconocieron que la tierra era inherentemente fija y escasa. El concepto de Ricardo de "renta económica" se refería a las ganancias obtenidas para los propietarios de tierras por su propiedad exclusiva de un recurso escaso: tierras agrícolas deseables. Ricardo argumentó que el propietario no era libre de elegir la renta económica que podía cobrar. Más bien, estaba determinado por el costo para el trabajador de la agricultura de la siguiente parcela más deseable pero no propiedad. Así, la renta fue impulsada por la productividad marginal de la tierra, no por el trabajo, como había argumentado el teórico de la población Thomas Malthus. Por otro lado, como señaló Adam Smith (1776: 162), las rentas de la tierra tampoco reflejaron los esfuerzos del propietario:

“La renta de la tierra, por lo tanto, considerada como el precio pagado por el uso de la tierra, es naturalmente un precio de monopolio. No tiene nada que ver con lo que el propietario puede haber establecido sobre la mejora de la tierra, o con lo que puede permitirse tomar; pero a lo que el agricultor puede permitirse dar ".

Los economistas clásicos temían que los propietarios de tierras monopolizaran cada vez más las ganancias del crecimiento a medida que las naciones se desarrollaran y deseablemente la tierra de ubicación se volviera relativamente más escasa. Con el tiempo, a medida que aumentaron los alquileres, la proporción de ganancias disponibles para la inversión de capital y los salarios se volvería tan pequeña que conduciría al estancamiento económico, la desigualdad y el aumento del desempleo. En otras palabras, la renta económica podría desplazar la inversión productiva.

Los pensadores marxistas y socialistas propusieron abordar el problema de la renta nacionalizando y socializando la tierra: en otras palabras, destruyendo la institución de la propiedad privada. Pero los economistas clásicos tenían un fuerte apego a este último, viéndolo como un baluarte de la democracia liberal y alentador del progreso económico. En su lugar, propusieron gravarlo. De hecho, argumentaron que la mayoría de los impuestos de la nación deberían provenir de aumentos en el valor de la tierra que ocurrirían naturalmente en una economía en desarrollo. Mill (1884: 629-630) vio los impuestos sobre la tierra como una extensión natural de la propiedad privada:

"En tal caso ... [renta de la tierra] ... no sería una violación de los principios en los que se basa la propiedad privada, si el estado se apropias de este aumento de la riqueza, o parte de ella, según surja. Esto no le quitaría nada a nadie; simplemente estaría aplicando una accesión de riqueza, creada por las circunstancias, en beneficio de la sociedad, en lugar de permitir que se convierta en un apéndice no ganado de las riquezas de una clase en particular ".

Ricardo y Smith escribían principalmente sobre una economía agraria. Pero la ley de la renta se aplica igualmente en las zonas urbanas desarrolladas, como argumentó el famoso defensor del impuesto sobre el valor de la tierra, Henry George, en su texto más vendido "Progreso y pobreza". Una vez que toda la tierra no propiedad está ocupada, la renta económica queda determinada por el valor de ubicación. Por lo tanto, el auge de la tecnología de comunicaciones y la globalización no ha significado "el final de la distancia" como algunos predijeron. En cambio, ha impulsado la preeminencia económica de algunas ciudades que están mejor conectadas a la economía global y ofrecen las mejores comodidades para los trabajadores del conocimiento y los empresarios de la economía digital. La escasez de estos lugares ha alimentado un largo auge en el valor de la tierra en esas ciudades.

La economía neoclásica y la ofuscación de la tierra.

Los economistas clásicos eran "políticos" en el sentido de que veían un papel clave para el estado y, en particular, los impuestos para evitar que la institución de la propiedad privada limite el desarrollo económico a través de la renta. Pero a comienzos del siglo XIX, un grupo de economistas comenzó a desarrollar un nuevo tipo de economía, basada en leyes científicas universales de oferta y demanda y libre de juicios normativos sobre el poder y la intervención estatal. La singularidad de la tierra como un aporte a la producción se perdió en el camino.

John Bates Clark fue uno de los principales economistas estadounidenses de la época y reconocido como el fundador de la teoría neoclásica del capital. Sostuvo que la ley de renta de Ricardo generada a partir de la productividad marginal de la tierra se aplicaba igualmente al capital y al trabajo. Poco importaba cuáles eran las propiedades intrínsecas de los factores de producción y era mejor considerarlos '... como los hombres de negocios lo conciben, de manera abstracta, como una suma o fondo de valor en usos productivos ... las ganancias de estos fondos constituyen en cada uno caso una ganancia diferencial como el producto de la tierra. '(Bates Clark 1891: 144-145)

Clark desarrolló la noción de un "fondo" integral de "capital puro" que es homogéneo en la tierra, el trabajo y los bienes de capital. A partir de este concepto bastante difuso, se desarrolló la teoría de la productividad marginal. La tierra todavía existe a corto plazo en este enfoque, y de hecho en los libros de texto de microeconomía, cuando generalmente se supone que algunos factores pueden corregirse. Por ejemplo, no puede construir de inmediato una nueva fábrica o desarrollar un nuevo producto para responder a nuevas demandas o cambios en la tecnología. Pero a la larga, que es lo que cuenta al pensar en el equilibrio, todos los factores de producción estarán sujetos a los mismos rendimientos marginales variables. Todos los factores pueden reducirse a cantidades físicas equivalentes: si una empresa agrega una unidad adicional de trabajo, bien de capital o tierra a su proceso de producción, será homogénea a todas las unidades anteriores.

Los economistas ingleses y estadounidenses de principios del siglo XX adoptaron y desarrollaron la teoría de Clark en una teoría integral de la distribución del ingreso y el crecimiento económico que eventualmente usurpó los enfoques de economía política. El trabajo de Clark se convirtió en la base de los modelos de crecimiento neoclásicos seminales de "dos factores" de la década de 1930 desarrollados por Roy Harrod y Bob Solow. La tierra, definida como espacio de ubicación, está ausente de tales modelos macroeconómicos.

Las razones para esto bien pueden ser políticas. Mason Gaffney, un economista estadounidense de tierras y estudioso de Henry George, ha argumentado que Bates Clark y sus seguidores recibieron un importante apoyo financiero de intereses corporativos y terratenientes que estaban decididos a evitar que las teorías de George ganaran credibilidad debido a la preocupación de que su riqueza se agotaría a través de un impuesto a la tierra En contraste, las teorías de renta de tierras e impuestos nunca encontraron un hogar académico. Además, George, principalmente activista y periodista, nunca logró forjar una alianza con los socialistas estadounidenses que estaban más enfocados en gravar las ganancias de los capitanes de la industria y el sector financiero.

El resultado fue que la carga impositiva recayó sobre el capital (impuesto de sociedades) y la mano de obra (impuesto sobre la renta) en lugar de la tierra. Un factor final que impidió que las teorías de la renta de la tierra despegaran de los EE. UU. Puede haber sido el simple hecho de que a principios del siglo XX, la escasez y la fijación de la tierra eran quizás menos un problema político en los EE. UU. el impuesto estuvo más cerca de ser adoptado.

¿Por qué la tierra es diferente?

A primera vista, la combinación de tierra de la economía neoclásica con una amplia noción de capital parece seguir una cierta lógica. Está claro que ambos pueden considerarse productos básicos: ambos pueden comprarse y venderse en un mercado capitalista maduro. Una empresa puede tener una cartera de activos que incluye terrenos (o propiedades) y acciones en una empresa (el equivalente a poseer capital "acciones") y cambiar uno por otro utilizando precios de mercado establecidos. Tanto la tierra como los bienes de capital también pueden verse como una reserva de valor (considere la frase "seguro como casas") y, en cierta medida, una fuente de liquidez, particularmente dadas las innovaciones en las finanzas que han permitido a las personas participar en el retiro del valor de la vivienda.

En realidad, sin embargo, la tierra y el capital son fenómenos fundamentalmente distintivos. La tierra es permanente, no se puede producir ni reproducir, no se puede "agotar" y no se deprecia. Ninguna de estas características se aplica al capital. Los bienes de capital son producidos por humanos, se deprecian con el tiempo debido al desgaste físico y las innovaciones tecnológicas (piense en computadoras o teléfonos móviles) y pueden ser replicados. En cualquier conjunto de cuentas nacionales, encontrará un número negativo considerable que detalla la "depreciación" del stock de capital físico: la inversión de capital neta no bruta es la variable preferida utilizada para calcular la producción de una nación. Cuando se trata de tierra, los valores netos y brutos son iguales.

El argumento hecho por Bates Clark y sus seguidores fue que al eliminar las complejidades de la dinámica, el funcionamiento verdadero o puro de la economía se revelará más claramente. Como resultado, la teoría microeconómica generalmente trata las relaciones de coexistencia o "estadísticas comparativas" (cómo se combinan el trabajo y el capital en un solo punto en el tiempo para crear resultados) en lugar de las relaciones dinámicas. Esto ha llevado a un abandono de la creación y destrucción continua de capital y la existencia continua y la no depreciación de la tierra.

De hecho, aunque los valores de la tierra cambian con, o algunos dirían que conducen, los ciclos económicos y financieros, a la larga el valor de la tierra generalmente se aprecia en lugar de depreciarse como el capital. Esto es inevitable cuando lo piensas: a medida que la población crece, la economía se desarrolla y el stock de capital aumenta, la tierra permanece fija. El resultado es que los valores de la tierra (rentas del suelo) deben aumentar, a menos que haya alguna intervención compensatoria no relacionada con el mercado.

De hecho, existe un buen argumento de que a medida que las economías maduran, la demanda de tierra en relación con otros bienes de consumo aumenta. La tierra es un "bien posicional", cuyo deseo está relacionado con la posición de uno en la sociedad frente a los demás y, por lo tanto, no está sujeto a rendimientos marginales decrecientes como otros factores. A medida que los desarrollos tecnológicos reducen los costos de otros bienes, la competencia por el espacio de ubicación más preciado aumenta y consume una parte cada vez mayor de los ingresos de las personas, como ha argumentado recientemente Adair Turner. Un estudio reciente de 14 economías avanzadas encontró que el 81% de los aumentos del precio de la vivienda entre 1950 y 2012 puede explicarse por el aumento de los precios de la tierra y el resto atribuible a los aumentos en los costos de construcción

Consecuencias del abandono de la tierra.

Los libros de texto de economía de hoy, en particular la microeconomía, siguen servilmente los principios de la teoría de la productividad marginal. El término "ingresos" se entiende en términos limitados como una recompensa por la contribución de uno a la producción, mientras que la riqueza se entiende como "ahorros" debido al esfuerzo productivo de inversión de uno, no como ganancias inesperadas por ser el propietario de la tierra u otras fuentes de valor naturalmente escasas. En muchas economías avanzadas, los valores de la tierra, y las ganancias de capital obtenidas del aumento de los precios de las propiedades, no se miden y rastrean adecuadamente con el tiempo. Como Steve Roth ha señalado para Evonomics, las cuentas nacionales de los EE. UU. No toman en cuenta adecuadamente las ganancias de capital y los cambios en el "patrimonio neto" de los hogares, en gran parte debido a cambios en el valor de la tierra.

Incluso economistas progresistas como Thomas Piketty han caído en esta trampa. Una vez que se eliminan las ganancias de capital (principalmente en vivienda), el espectacular aumento de Piketty en la relación riqueza-ingreso registrada en economía avanzada en los últimos 30 años comienza a parecer muy ordinario (la Figura 1 muestra la comparación para Gran Bretaña desde 1970).

¿Por qué la tierra es diferente?

A primera vista, la combinación de tierra de la economía neoclásica con una amplia noción de capital parece seguir una cierta lógica. Está claro que ambos pueden considerarse productos básicos: ambos pueden comprarse y venderse en un mercado capitalista maduro. Una empresa puede tener una cartera de activos que incluye terrenos (o propiedades) y acciones en una empresa (el equivalente a poseer capital "acciones") y cambiar uno por otro utilizando precios de mercado establecidos. Tanto la tierra como los bienes de capital también pueden verse como una reserva de valor (considere la frase "seguro como casas") y, en cierta medida, una fuente de liquidez, particularmente dadas las innovaciones en las finanzas que han permitido a las personas participar en el retiro del valor de la vivienda.

En realidad, sin embargo, la tierra y el capital son fenómenos fundamentalmente distintivos. La tierra es permanente, no se puede producir ni reproducir, no se puede "agotar" y no se deprecia. Ninguna de estas características se aplica al capital. Los bienes de capital son producidos por humanos, se deprecian con el tiempo debido al desgaste físico y las innovaciones tecnológicas (piense en computadoras o teléfonos móviles) y pueden ser replicados. En cualquier conjunto de cuentas nacionales, encontrará un número negativo considerable que detalla la "depreciación" del stock de capital físico: la inversión de capital neta no bruta es la variable preferida utilizada para calcular la producción de una nación. Cuando se trata de tierra, los valores netos y brutos son iguales.

El argumento hecho por Bates Clark y sus seguidores fue que al eliminar las complejidades de la dinámica, el funcionamiento verdadero o puro de la economía se revelará más claramente. Como resultado, la teoría microeconómica generalmente trata las relaciones de coexistencia o "estadísticas comparativas" (cómo se combinan el trabajo y el capital en un solo punto en el tiempo para crear resultados) en lugar de las relaciones dinámicas. Esto ha llevado a un abandono de la creación y destrucción continua de capital y la existencia continua y la no depreciación de la tierra.

De hecho, aunque los valores de la tierra cambian con, o algunos dirían que conducen, los ciclos económicos y financieros, a la larga el valor de la tierra generalmente se aprecia en lugar de depreciarse como el capital. Esto es inevitable cuando lo piensas: a medida que la población crece, la economía se desarrolla y el stock de capital aumenta, la tierra permanece fija. El resultado es que los valores de la tierra (rentas del suelo) deben aumentar, a menos que haya alguna intervención compensatoria no relacionada con el mercado.

De hecho, existe un buen argumento de que a medida que las economías maduran, la demanda de tierra en relación con otros bienes de consumo aumenta. La tierra es un "bien posicional", cuyo deseo está relacionado con la posición de uno en la sociedad frente a los demás y, por lo tanto, no está sujeto a rendimientos marginales decrecientes como otros factores. A medida que los desarrollos tecnológicos reducen los costos de otros bienes, la competencia por el espacio de ubicación más preciado aumenta y consume una parte cada vez mayor de los ingresos de las personas, como ha argumentado recientemente Adair Turner. Un estudio reciente de 14 economías avanzadas encontró que el 81% de los aumentos del precio de la vivienda entre 1950 y 2012 puede explicarse por el aumento de los precios de la tierra y el resto atribuible a los aumentos en los costos de construcción

Consecuencias del abandono de la tierra.

Los libros de texto de economía de hoy, en particular la microeconomía, siguen servilmente los principios de la teoría de la productividad marginal. El término "ingresos" se entiende en términos limitados como una recompensa por la contribución de uno a la producción, mientras que la riqueza se entiende como "ahorros" debido al esfuerzo productivo de inversión de uno, no como ganancias inesperadas por ser el propietario de la tierra u otras fuentes de valor naturalmente escasas. En muchas economías avanzadas, los valores de la tierra, y las ganancias de capital obtenidas del aumento de los precios de las propiedades, no se miden y rastrean adecuadamente con el tiempo. Como Steve Roth ha señalado para Evonomics, las cuentas nacionales de los EE. UU. No toman en cuenta adecuadamente las ganancias de capital y los cambios en el "patrimonio neto" de los hogares, en gran parte debido a cambios en el valor de la tierra.

Incluso economistas progresistas como Thomas Piketty han caído en esta trampa. Una vez que se eliminan las ganancias de capital (principalmente en vivienda), el espectacular aumento de Piketty en la relación riqueza-ingreso registrada en economía avanzada en los últimos 30 años comienza a parecer muy ordinario (la Figura 1 muestra la comparación para Gran Bretaña desde 1970).
Figura 1: Relación riqueza / ingresos de Piketty incluyendo y excluyendo ganancias de capital (Gran Bretaña, 1970-2010)



Fuente: Ryan-Collins et al (2017) Rethinking the Economics of Land and Housing, Zed Books: London, p172

En el Reino Unido, la tierra no se incluye como una clase de activo distinta en las Cuentas Nacionales, a pesar de ser una de las clases de activos más grandes e importantes de la economía. En cambio, el valor de la tierra subyacente se incluye en el valor de las viviendas y otros edificios y estructuras, que se clasifican como "activos no financieros producidos" (Figura 2)

Como se muestra en la Figura 2, el valor de las 'viviendas' (viviendas y la tierra debajo de ellas) ha aumentado cuatro veces (o 400%) entre 1995 y 2015, de £ 1.2 billones a £ 5.5 billones, en gran parte debido al aumento en la vivienda precios en lugar de un cambio en el volumen de viviendas. En contraste, las formas de "capital" que asociamos con el aumento de la riqueza y la productividad (edificios comerciales, maquinaria, transporte, tecnología de la información y las comunicaciones) han crecido mucho más lentamente.

Figura 2: Crecimiento en el valor de los activos no financieros en el Reino Unido, 1995-2015


Por lo tanto, este enorme crecimiento de la riqueza en relación con el resto de la economía no se origina en el ahorro de los ingresos derivados de la contribución de la gente a la producción (actividad que habría creado empleos y aumentado los ingresos), sino más bien de las ganancias inesperadas resultantes del control exclusivo de un escaso natural. recurso: tierra.

Esto puede ayudarnos a explicar, al menos en parte, el gran "rompecabezas de la productividad", es decir, por qué la productividad (y los ingresos promedio relacionados) ha sido plana, incluso cuando la "riqueza" ha aumentado. El enigma se explica por el hecho de que la mayoría del crecimiento de la riqueza proviene de las ganancias de capital en lugar del aumento de las ganancias (o ahorros) derivados de la inversión productiva, los ahorros están en un mínimo de cincuenta años en el Reino Unido, incluso cuando la relación riqueza / ingresos éxitos récord.

Cuando el valor de la tierra debajo de una casa aumenta, la capacidad productiva total de la economía no cambia o disminuye porque no se ha producido nada nuevo: simplemente constituye un aumento en el valor del activo. Esto puede aumentar la riqueza del propietario y puede optar por gastar más o reducir parte de esa riqueza a través del retiro del valor de la vivienda. Pero igualmente muchos no. Además, el aumento en el valor de ese activo tiene un costo correspondiente: alguien más en la economía tendrá que ahorrar más para un depósito o ver aumentar sus alquileres y, como resultado, gastar menos (o, en el caso de la empresa, invertir Menos).

Sin embargo, en las cuentas nacionales corrientes, solo se registra el aumento de la riqueza, mientras que el valor actual descontado de la disminución del flujo de recursos al resto de la economía se ignora, como lo ha señalado Joe Stiglitz. El aumento del valor de la tierra absorbe el poder adquisitivo y la demanda de la economía, ya que los beneficios del crecimiento se concentran en los propietarios con una baja propensión marginal al consumo, lo que a su vez reduce el gasto y la inversión. Además, la mayoría de las nuevas creaciones de crédito por parte del sistema bancario ahora fluyen hacia bienes raíces en lugar de actividades productivas. Esto desplaza la inversión productiva, tanto por parte del sistema bancario como de los inversores no bancarios que ven el potencial de obtener rendimientos mucho más altos en inversiones inmobiliarias relativamente libres de impuestos.

El valor de la tierra también afecta fundamentalmente el impacto de la política monetaria, particularmente en las economías financieramente liberalizadas. Si un banco central reduce las tasas de interés para tratar de estimular la inversión y el consumo de capital, es probable que aumente simultáneamente los precios de la tierra y la renta económica que se les atribuye a medida que más crédito ingresa a las hipotecas para bienes inmuebles domésticos y comerciales. Esto tiene un efecto naturalmente perverso sobre la inversión de capital y los efectos de consumo que la reducción de las tasas de interés tenía la intención de lograr.
Pero para los economistas convencionales y los formuladores de políticas, se ignoran estas conexiones entre el valor de la tierra y la macroeconomía. Se supone que la demanda de vivienda está sujeta a las mismas reglas que impulsan el deseo de cualquier otra mercancía: su productividad marginal y su utilidad. El aumento de los precios de la vivienda o las rentas (en relación con los ingresos), un problema urgente en países como el Reino Unido, puede atribuirse al suministro insuficiente de viviendas o tierras. Al igual que con otros desafíos políticos, como el desempleo, el foco está en el lado de la oferta. Se descuida la distribución de la riqueza de la tierra y la propiedad entre la población, sus impuestos y el papel del sistema bancario en el aumento de los precios a través del aumento de la deuda hipotecaria. Las reglas de planificación y otros objetivos fáciles, como la inmigración, son culpados de la pérdida de control que las personas sienten como resultado de la inseguridad de la vivienda en lugar de sus verdaderas causas estructurales en la economía de la tierra.

Rentas de tierra: hay un "almuerzo gratis"

Aunque se presenta como una teoría objetiva de distribución, de hecho, la teoría de la productividad marginal tiene un fuerte elemento normativo. En última instancia, nos lleva a un mundo en el que, mientras haya suficiente competencia y mercados libres, todos recibirán sus desiertos justos en relación con su verdadera contribución a la sociedad. Habrá, en los famosos términos de Milton Friedman, "no habrá almuerzo gratis".

Pero la teoría de la productividad marginal no dice nada acerca de la distribución de la propiedad de los factores de producción, especialmente la tierra. Se supone implícitamente que la propiedad de tierras es la forma organizativa más eficiente para permitir el intercambio privado y los mercados libres, con pocos cuestionamientos sobre cómo se distribuyen los derechos de propiedad y tenencia ni sobre las ganancias (rentas) que la posesión de tales derechos otorga a sus titulares. En última instancia, esto limita lo que la teoría puede decir sobre la distribución del ingreso, particularmente en un mundo donde tales rentas económicas son grandes. La tierra es la "madre de todos los monopolios", como dijo Winston Churchill, y de ahí la más importante para que la entiendan los economistas.

Pero si los economistas se centran en la tierra, deben ensuciarse las manos. Deben comenzar a examinar el papel de las instituciones, incluidos los sistemas de propiedad de la tierra, los derechos de propiedad, los impuestos sobre la tierra y el crédito hipotecario que están históricamente determinados por el poder y las relaciones de clase. De hecho, son estos desarrollos inherentemente políticos, sociales y culturales los que determinan la forma en que se distribuye la renta económica y, con ella, la dinámica macroeconómica en general.


Smith, Adam (1776) An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. W. Strahan and T. Cadell.

Mill, John Stuart (1884) Principles of Political Economy, D. Appleton

Bates Clark, John Bates. (1891) ‘Marshall’s Principles of Economics’. Political Science, Quarterly 6 (1): 126–51.